Vida pasada, entregada a fuerzas instintivas, entregada a dolores, entregada a sentimientos terribles y
destructivos, entregada a soledades, entregada al mal. La fascinación de lo
oculto y lo divertido era mi clamor; descubrirlo y saborearlo era mi afán,
solía pasar horas planificando terribles actos demoledores, formando personas
seducidas por lo misterioso donde caminaba con adrenalina hacia el abismo, nada
era terrible más bien emocionante; originaba denigración pero no tenía
importancia; muchos empujaban tus actos y otros se lavaban las manos.
Yo también soy culpable, fue tu
sentencia airosa para dejar de lado el remordimiento. De donde venía lo bueno
si ya no existe, era tu lema; hay gente buena escondida o en el fondo de algún
corazón arrepentido.
Dolía, te retorcías en tus
entrañas, pero eso no significa nada para el mundo; la herida era infectada mil
veces que ya no sentías dolor, muchos poseían lo mismo, nadie quería curarse ni
lamentarse porque eso es de tontos.
Llorar de arrepentimiento ya no
tenía validez, esto era para astutos. Solo deja que siga y te lleve directo a la muerte, eran tus
pensamientos interiores. No lo niegues.
El socorro buscabas mientras nadie te veía,
solías escuchar cosas buenas para tener al menos un poco de paz. Buscabas
consejos indirectos y todos se jactaban de su moralidad ocultamente embustera;
de su buena voluntad lanzando improperios injustos cuando miraban a un costado;
entonces te desanimaba, volvías a tu rutina extremista...
